monteando con perros

Monteando con perros

Parece mentira que ya llego el día… Me acuerdo  de este verano comentándole a Pilar Sánchez que me gustaría vivir la experiencia de cazar con sus perros.

Yo siempre he ido al puesto y tenía la curiosidad de experimentar las mismas vivencias que ella nos cuenta en su blog.  Y no tardó ni dos segundos en contestarme; recuerdo que me dijo: “en Noviembre tengo una montería, la finca tiene muchas reses y no es muy dura”. Y yo que no era muy consciente de donde me estaba metiendo, no dude en confirmárselo.

Salimos el viernes dirección Toledo-Valdeverdeja. El viaje se me hizo eterno hasta llegar a nuestro destino. Allí nos estaban esperando los padres de Pilar, Paco y Pilar. ¡Qué decir del recibimiento! Parecía como si me conocieran de toda la vida. Nos acompañaron al hotel y ultimamos los preparativos para el día siguiente. Esa noche dormí poco, estaba con los nervios a flor de piel.

monteando con perros

Sonó el despertador y pegué un brinco de la cama, me arreglé y puntualmente estaba en la puerta del hotel como acordamos la noche anterior. Por fin, conocí en persona a Pilar y a Miguel, desde el minuto uno congeniamos muy bien, me estuvieron explicando la teoría de cómo iba a transcurrir el día y no paré de preguntar como los niños. Una cosa que me encantó y me tranquilizó bastante, es que venía con nosotros su sobrino José Antonio de 6 años. ¡¡Si viene, seguro que no es muy difícil, pensaba yo!!

Nos avisa Paco y nos retiramos a cambiarnos de ropa, para ponernos el mono amarillo corporativo de Rehala Dibe. ¡Ahora si soy un miembro más de la Rehala Dibe!

Entramos en Guadalperal, una dehesa preciosa del Duque de Peña Aranda, destino al punto de la suelta. Allí terminamos de prepararnos antes de soltar a los perros, machete y zahones para entrar al monte.

monteando con perros

Paco toca el busno y empieza para nosotros la cacería. Nada más empezar y a pocos metros de la suelta empieza la primera ladra, un bonito ejemplar de venado que sale a escasos metros de nosotros. Mi piel de gallina al ver cómo latían los guerreros de Pilar.

Seguimos andando y, cuando pensaba que íbamos a dar la vuelta, me comentan Paco y Miguel que todavía no hemos entrado en la mancha… Nos tocó la mano más larga. ¡¡Creo que no he andado más en toda mi vida!! Entramos en una zona con mucho monte y las ladras no cesaban, hubo un momento que no sabía dónde meterme, ni dónde mirar, porque estaban saliendo reses de todos lados. ¡No he podido disfrutar más!

Los perros no pararon de latir y acosar en toda la mañana y justo cuando íbamos a dar la vuelta… sentimos una nueva ladra, Miguel y Pilar salen corriendo como si no hubiese un mañana y al llegar se encontraron un venado en la alambrada, haciendo frente a sus perros y en un descuido del animal, Pilar pudo herirlo de muerte. “Mi pequeña mowgli”.

Y comenzamos el camino de vuelta, con tanta adrenalina que llevábamos del momento, la primera parte no se hizo muy pesada, pero ya de últimas, cuando parecía que quedaba poco…  Nos faltaban varios perros, que nos tenían preocupados. No sentía las piernas y me costaba trabajo hasta levantarlas, las piedras y las ramas me hacían tropezar y no me dejaban llegar a mi destino. Yo nada más que veía obstáculos en el camino y qué decir de mis talones, en los que sentía una quemazón insoportable. ¡Eso ocurre por no llevar el calzado reglamentario! Para la próxima vez no me pasa… 😉

Pero a pesar de todo esto, fue un gran día, una experiencia preciosa, que jamás olvidaré y que repetiré pronto. No puedo estar más agradecida a esta gran familia: Paco, Pilar, Miguel y Pilar, que me acogió como una más, a la que considero grandes amigos y que espero que venga a verme pronto a Córdoba.

 

¡Feliz semana a todos!

¡Muchas gracias por seguirme!

¡Nos vemos en el próximo post!

Pilar Escribano Reina

Deja una respuesta