Llegué al puesto y el día nos acompañaba bastante, demasiado calor para mi gusto y para el mes en el que estábamos (Octubre). Este año parecía que el frío no iba a llegar nunca, ¿verdad?

Era la primera montería a la que iba este año… Estuve muy atenta pero poco certera, la verdad… Podría haber hecho el cupo.

Nada más llegar al puesto, me entró un venaíto que el rubio lo latió como un campeón, lástima que no me dio tiempo a cargar el rifle… Pero no estuve nada fina… Tanto es así, que en mi pensamiento estuvo hasta dejar de cazar. Cosa que a mi hermano le hacía mucha gracia. Probé con y sin visor, con y sin horquilla, le escribía desesperada al ver que no salían las cosas como yo me imaginaba y finalmente pude abatir una cierva y un venado.

Como siempre, mi tío no defrauda, una organización perfecta y la recogida a su hora. Cumplió con creces las expectativas para este año.

Llegó la hora de retirarse e irse a la casa, no sin antes señalar las reses abatidas, un venaito y una cierva, para que así los arrieros lo lleven a la junta de reses.

Mientras van llegando los monteros y entre aperitivo y aperitivo nos vamos contando los lances y experiencias de la mañana.

El catering nos esperaba con un menú riquísimo. Os dejo las imágenes del día:

 

Llevo pantalones de Mango, camisa de Zara, chaqueta de Sfera, zapatos de Varo, pendientes de Aristocrazy, tirantes de Emidio Tucci y corbata de Laberal.

Fotografías realizadas por Yuka García.

 

¡Feliz semana a todos!

¡Muchas gracias por seguirme!

¡Nos vemos en el próximo post!

Pilar Escribano Reina

Deja una respuesta