SAFARI AFRICANO mujeres cazadoras 2

Safari Africano 3ª Parte

Una tarde sin suerte, después de cazar el oryx como os comenté en el anterior artículo, nos fuimos a la charca a por un facochero, pero solo nos entraron hembras con las crías. Hubo una muy grande que nos tentó pero íbamos buscando un buen macho y la dejamos ir tranquila. Esa tarde no fue exitosa y decidimos irnos al campamento a descansar.

Toda tarde mala de caza se te quita con el privilegio de ver el amanecer de África. Pieter nos convocaba todas las mañanas a las misma hora en el comedor para desayunar y tenía unas vistas impresionantes. Mientras las chicas nos preparaban un delicioso desayuno recién hecho, una tortilla francesa con múltiples ingredientes; cebolla, tomate, champiñones, queso, bacon… Nosotros veíamos los numerosos antílopes que se acercaban para beber agua a una fuente que había cerca del campamento. Era un desayuno muy energético para afrontar las largas horas de rececho tras los escurridizos  y asustadizos animales africanos.

Esa mañana salíamos con la idea de buscar la cebra Hartmann o de montaña que es una especie endémica de Namibia. Este era un trofeo muy especial para mí y supone un difícil reto encontrarlas y dar con ellas en estas zonas tan abiertas y escarpadas. Acordamos con Pierter  que si en su búsqueda nos topábamos con cualquier otro antílope de los que tenía contratado iríamos tras ellos, con el fin de aprovechar oportunidades.

Recuerdo que ese día comentábamos todos que era un día muy bueno de caza porque apenas había viento. Montada en el jeep con mi rifle en la mano y el viento de cara, tenía la sensación de que iba ser un gran día. Estábamos buscando entre la maleza cuando nos encontramos una manada de roan e iba un bonito ejemplar. En ese momento mi suegro, no se si fue por la emoción o porque pensaba que no lo conseguiría, me dijo: “¡si lo cazas tuyo es!”. Pregunté varias veces “¿de verdad?”, al afirmarme varias veces, el plan cambió totalmente y nos bajamos para cazarlo a la huella.

El roan es una animal muy elegante, muy parecido al sable aunque más corto de cuernas y con pelaje marrón grisáceo, un tono tostado que se camufla muy bien entre la maleza.

Al poco de verlos desde el coche  los perdimos de vista, motivo por el cuál pusimos pie en tierra y seguimos sus huellas. Al cabo de un buen rato y un gran zigzagueo entre el espeso bush pudimos verlos a lo lejos andando tranquilamente. Iban dos hembras, un macho joven y otro más grande, que se giró un par de veces, como intuyendo que algo les estaba persiguiendo, pero al no ver nada continuaron tranquilamente.

Pasaron casi tres horas hasta que nos lo encontramos tranquilamente comiendo. El sol lo teníamos a favor por lo que el PH y yo nos acercamos un poco más para asegurar el tiro. Dimos un par de pasos cuando el roan nos oyó poniéndose en alerta. En ese momento Pieter me dijo, colocándome la horquilla, que era ese momento o nunca. No me lo pensé dos veces le disparé al codillo. Un tiro exitoso y limpio al antílope ruano que corrió unos metros hasta caer desplomado.

safari africano parte 3

Fue alucinante. Había conseguido uno de los animales más esquivos y majestuosos del Sur de África. Estaba siendo un safari con muchas sorpresas, y todavía nos quedaba alguna más.

safari africano parte 3

La mañana se nos fue gratamente tras el roan, en donde saboreamos todo el equipo el éxito cosechado y nos deleitamos en tomar fotos y admirar su belleza.  Pero todavía nos quedaba mucho día y para afrontarlo con garantías paramos a reponer fuerzas. Era hora de comer la deliciosa gastronomía africana de espera en una charca. Me encantaban las empanadillas de carne de oryx con verduras que nos preparaban, estaban  muy sabrosas. Bocado a bocado desgustábamos las exquisiteces que cada mañana nos preparaban antes de salir del campamento y que plácidamente tomábamos mientras estábamos apostados en los aguaceros. Esta modalidad de caza me encanta, cada vez que entraba un antílope a la plaza el corazón se me ponía a mil por hora.

Entre ellos no faltaban los facocheros, unos animales horripilantes pero que levantan pasión entre los cazadores. ¿Será por qué nos recuerdan a sus primos hermanos los jabalíes?

Ese día nos pusimos en una charca que estaba muy lejos de la torreta a causa de la sequía que azotaba a Namibia, un año muy seco y caluroso. Tras un intento fallido en el que disparé si acierto a un buen faco a más de 120 metros, decidimos hacer una entrada al ver que entraba otro gran berrugoso.

Antonio y yo nos bajamos de la torreta escondiéndonos entre el bush y comprobando el aire cada cierto tiempo, pudimos colocarnos muy cerca de ellos, cuando de repente nos topamos con un faco de cara que venía también a la charca. Nos llegó a escasos 10 metros. Todo fue rápido y de sopetón.

Antonio continuó andando porque sabía que ese no era el faco que habíamos divisado desde la torreta, pero yo seguí mirándolo e instintivamente le seguí con el rifle mientras se alejaba a toda prisa con su trote cochinero y no lo pensé dos veces, disparé como si de una montería tratara. ¡El faco cayó fulminado, un gran ejemplar, viejo, con muchas cicatrices de las continuas batallas y algo mellado de estas peleas. Un trofeo que recordará como mi gran lance montero africano!

safari africano parte 3

safari africano parte 3

Después de una tarde larga de rececho sin suerte, nos fuimos al campamento a descansar. Me encantaba el campamento, era como una especie de mini pueblecito compuesto de varios bungalós estilo africano, con techos hechos de paja. Cada casita era una estancia, nuestras habitaciones estaban en un bungaló y la cena se servía en otro en el que estaba el salón, comedor y el bar. Una estancia principal de dos plantas con un mirador en la parte superior desde donde se dominaba una gran parte de la extensa llanura de namibia donde estaba ubicado.

Nos fuimos a nuestras habitaciones para duchamos y arreglamos. Esa noche venían unos cazadores americanos y nos habían preparado una cena especial. Pero antes de la suculenta cena, disfrutamos todos los cazadores del cielo estrellado alrededor del firecamp, contando nuestro gran día de caza con una cerveza en la mano.

Después pasamos a degustar una cena exquisita elaborada con la carne del oryx que cacé ¡Estaba todo buenísimo! La gastronomía era exquisita, la preparación de la carne de caza al estilo africano es deliciosa, súper jugosa y con un sabor extraordinario. Todos los platos que probamos durante estos días se estaban muy ricos.

 

Esa noche disfrutamos de los lances y experiencias junto a los PH del campamento y nuestros nuevos amigos americanos, que compartieron muchas anécdotas y experiencias con Antonio de sus viajes por el mundo. Después de una velada inolvidable tocaba descansar y probar suerte al día siguiente, pero lo que aconteció en los siguientes días os lo explicaré en la siguiente entrega.

 

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