Todo va según lo esperado, llegamos al puesto y el día nos acompaña, hace un tiempo perfecto. Aunque demasiado calor para el mes en el que estamos, ¡vaya invierno cálido que llevamos! Pero si tengo que ser un poco egoísta y no pensar en el campo, lo prefiero, que si no se me agarrotan las manos del frío y lo de hacer candelas no es lo mío. ¡Así que, que haga frío otro día que yo no esté de montería! 😉

Esta montería es de las que llamamos “monterías de invitación”. El dueño del coto invita a sus amigos monteros y compromisos. Lo bueno que tienen es que todo el mundo que asiste es conocido y son grandes monteros, que llevan muchos años practicando este deporte que es la caza y saben respetar los tiraderos, las reses, los perros, los perreros, los arrieros y al propio campo. ¡Así da gusto ir a cazar!

Además, la organización de mi tío está superestudiada y, como estaba previsto, la suelta de las rehalas y la recogida a su hora. ¡Muy puntual!

No obstante, aunque todo esta muy estudiado y planificado, lo cierto es que una montería es una modalidad de caza que requiere mucha atención, silencio y puntería por parte de los monteros y además ofrece posibilidades de escapatoria a las reses. Estamos hablando de que estamos apuntando a un blanco móvil. ¡No es tan fácil!

Tanto es así, que el primer venado que me entró venía a la carrera y lo fallé… ¡Sí, lo reconozco! Los nervios me pueden de vez en cuando y no soy la típica montera que pone 20.000 excusas para no decir que falla. Y el segundo, también venía muy ligero pero conseguí abatirlo. Un lance precioso, que en mi recuerdo se queda.

La Solana es una finca abierta, normalmente lo que se caza en ella son jabalíes, ciervos, ciervas y muflones. Pero las expectativas no se acercaron a lo cazado en años anteriores. Y eso que los perros batieron la mancha en diversas direcciones, con el objeto de que en su huida atraviesen los puestos y sean vistos por los monteros, pero se escucharon muy pocos tiros. Este cambio climático se tenía que notar en algún lado… “En el Campo”.

¡Suena la caracola! llega la hora de retirarse y señalar la res abatida, un venaíto de 12 puntas, muy bonito y parejo, para que no se quede tirado en mitad del campo y los arrieros lo puedan recoger bien y llevarlo a la junta de reses. El Rubio, como un campeón, siguió muy bien el rastro y ladró como loco cuando lo encontró.

Y corriendo recogemos todo muy bien, para que no parezca que hemos estado allí, papeles, casquillos de bala y todos nuestros bártulos.

¡Ya sólo nos queda llegar a la comida y escuchar y comentar los lances cuando lleguemos a la casa…!

 

Llevo pantalones de Zara, camisa de Polo Ralph Lauren, rebeca azul de El Ropero de Carmela, capa verde de El Ropero de Carmela, corbata de Laberal, cinturón de cuero antiguo, pendientes de Garbo Complementos, bolso piel de coyote y botas de Valvarde del Camino.

Fotografías realizadas por Yuka García.

¡Nos vemos en el próximo post!

No dejes de seguirme. ¡Gracias!

Pilar Escribano Reina.

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